domingo, 8 de julio de 2018

Domingo 8 de julio San Marcos 6:1-6

REFLEXIÓN
Muchas veces en la vida encontramos personas que se niegan a aceptar evidencias que muestran una clara verdad, no aceptan pruebas y testimonios simplemente porque las cosas no son como ellos quieren que sea o porque no van de acuerdo a sus intereses; el profeta Jeremías explica que la gente actúa así por la terquedad de su corazón (Jeremías 11:18). Lo mismo pasa con relación a nuestro buen Señor, cuántas personas hay en éste mundo que por sus intereses no escuchan lo que Dios manda en Su Palabra. Por ejemplo, no amamos al prójimo, al hermano como dice el mandamiento, por lo tanto no perdonamos, no tenemos compasión, simplemente porque no nos conviene, pensamos que nuestro criterio es mejor y está por encima de lo que Dios manda.
Nosotros no seamos así, la palabra de Dios es PERFECTA, está llena de SABIDURÍA, de bondad y sobre todo de JUSTICIA; sobre pasa el entendimiento humano, muchas veces imperfecto.

En el evangelio de hoy vemos personas que se maravillaron de las palabras del Señor, es más, reconocían en Él sabiduría y milagros (versículos 2-4); sin embargo se escandalizaban porque para ellos Jesús no podía ser el Hijo de Dios. ¿Cómo es posible que ante la evidencia que ellos mismos reconocían a la vez lo puedan negar? Esa es una historia triste que muchas veces se repite en nuestro tiempo y trae dolor el corazón de Dios. Toda la creación debe reconocer que Dios es nuestro Señor, toda la creación da evidencia de su presencia entre nosotros y nunca debemos dejar de reconocerlo, de escucharlo y sobre todo de dejarnos guiar por su Espíritu Santo en todas nuestras acciones, alabemos al Señor en obediencia, que toda la creación lo alabe como dice el Salmo 148.

Dios nos bendiga, y como nos dice nuestro Señor hoy en 2 Corintios 12:9 "Que su gracia nos baste"


OREMOS

Señor, abre nuestros labios. Y nuestra boca proclamará tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: como era
en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los
siglos. Amén.

La tierra es del Señor, pues él la hizo: vengan y adorémosle.

Oh Dios, tú nos has enseñado a guardar tus mandamientos amándote a ti y a nuestro prójimo: Danos la gracia de tu Espíritu Santo para que nos consagremos a ti de todo corazón, y nos unamos unos a otros con afecto puro; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Bendigamos al Señor.
Demos gracias a Dios.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos nosotros, ahora y siempre. Amén.




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ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO.