Dos de los discípulos del Señor se acercaron a Él para decirle algo: "Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir".
Es muy bueno y necesario buscar, estar cerca de nuestro Señor, acercarnos para orar, para agradecerle por su bondad, para alabar su Nombre, para pedirle perdón... es bueno acercarse al Señor para pasar momentos de silencio profundo junto a Él, para escuchar su Palabra como lo hacemos en éste momento. Cualquiera sea el motivo por el que necesitemos estar cerca de Jesús, éste debe ser bueno, santo, sincero, real.
Dos de los discípulos se acercaron al Señor, lo llamaron Maestro reconociendo en Él sabiduría; pero se equivocaron en algo, se equivocaron en la forma de pedirle y se equivocaron en el pedido que le hicieron. Veamos por qué.
Primero, debemos recordar siempre que no podemos, ni debemos ir a Dios para imponerle nuestra voluntad o nuestros deseos; los dos hombres fueron para decirle "queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir", antes de hacer el pedido ya querían tenerlo.
Nunca nos equivoquemos con el Señor, su sabiduría es infinita, Él conoce profundamente las cosas, sabe de nuestras necesidades y siempre nos da lo que necesitamos, no siempre lo que queremos. ¿Qué padre daría a su hijo todo lo que éste le pida? los padres humanos nos dan con amor sólo las cosas que necesitamos, no siempre lo que queremos; Cristo es así, es nuestro Padre bueno y Él conoce lo que realmente nos hace falta.
Segundo, los dos discípulos no pensaron en sus hermanos, ellos buscaron su propio reconocimiento, olvidaron a sus hermanos, los dejaron de lado ante el pedido que le hicieron al Señor. Cristo nos recuerda este día que el que quiera grandeza debe primero ser servidor y el que quiera ser primero, debe ser el último; ésta es un enseñanza que muchos olvidan y por olvido, lastiman, calumnian, hieren y abusan; muchos de nosotros hemos vivido esa triste experiencia (personas que decían ser nuestros hermanos lo olvidaron)
Cuando pidamos algo al Señor, pidamos bien; dejemos que su voluntad perfecta sea en nuestras vidas, busquemos ser grandes y destacar como Él quiere, no como nosotros pretendamos que sea, que la pureza de corazón nos acerque a Dios para tomar sus enseñanzas y vivirlas en un real y sincero testimonio.
Dios nos bendiga
OREMOS
A ti, como Dios, te alabamos;
a ti, Señor, te reconocemos;
a ti, eterno Padre, te venera toda la tierra.
Los ángeles todos, los cielos y todas
las potestades te honran;
los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
la brillante muchedumbre de los mártires.
A ti te glorifica la santa Iglesia por todo el orbe;
A ti, Padre de majestad inmensa,
a tu adorable, verdadero y único Hijo,
también al Espíritu Santo, el Paráclito.
Tú eres el Rey de la gloria, oh Cristo;
tú eres el Hijo único del Padre;
tú, al hacerte hombre para salvarnos,
no desdeñaste el seno de la Virgen.
Tú, quebrantando el aguijón de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú estás sentado a la derecha del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos contemos entre tus santos.
a ti, Señor, te reconocemos;
a ti, eterno Padre, te venera toda la tierra.
Los ángeles todos, los cielos y todas
las potestades te honran;
los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
la brillante muchedumbre de los mártires.
A ti te glorifica la santa Iglesia por todo el orbe;
A ti, Padre de majestad inmensa,
a tu adorable, verdadero y único Hijo,
también al Espíritu Santo, el Paráclito.
Tú eres el Rey de la gloria, oh Cristo;
tú eres el Hijo único del Padre;
tú, al hacerte hombre para salvarnos,
no desdeñaste el seno de la Virgen.
Tú, quebrantando el aguijón de la muerte,
abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú estás sentado a la derecha del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna
nos contemos entre tus santos.
Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo has revelado tu gloria a todas las naciones: Mantén las obras de tu misericordia; a fin de que tu Iglesia, esparcida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu Nombre; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Que la bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos nosotros ahora y siempre +. Amén.
Un abrazo

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