REFLEXIÓN
"Señor, no te tomes tanta molestia, pues no merezco que entres bajo mi techo... pero con una sola Palabra que digas quedará sano mi siervo". Éstas palabras fueron dichas por un hombre lleno de fe, un hombre que sabía del gran poder misericordioso de nuestro Señor para sanar; son palabras
que las repetimos cada domingo cuando se nos presenta a Cristo Sacramentado, digno, Santo, Puro y Bondadoso.
Cristo tiene el gran poder de sanación, y aunque reconocemos que nos somos dignos de que Él entre en nuestra casa, lo esperamos cada día, lo llamamos y lo reconocemos como nuestro Salvador.
Recibe a Cristo hoy y siempre en tu casa, en tu vida, en tu hogar, en tu mesa, en tu alma...
Un abrazo
OREMOS
Omnipotente y sempiterno Dios, tú estás siempre más presto a escuchar que nosotros a orar, y a ofrecer más de lo que deseamos o merecemos: Derrama sobre nosotros la abundancia de tu misericordia, perdonándonos todo aquello que perturba nuestra conciencia, y otorgándonos aquello que no somos dignos de pedirte, sino por los méritos y mediación de Jesucristo nuestro Salvador; que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Gloria a Dios, cuyo poder, actuando en nosotros, puede realizar todas las cosas infinitamente mejor de lo que podemos pedir o pensar: Gloria a él en la Iglesia de generación en generación, y en Cristo Jesús por los siglos de los siglos. Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario